Esta semana destacó en medios el asesinato de la periodista Lourdes Maldonado “ícono de la comunicación en Baja California”, una más de periodistas, sin embargo los hechos asociados al evento nos debe alertar más allá del riesgo al que se exponen los periodistas hoy en día al escueto sistema de impartición de justicia que existe en México.
El ya clásico bajale de huevos.
No es la primera vez que esta escena se ve, a menor medida un pleito laboral afuera resuelto a favor del trabajo se finiquita con una buena partida de madre por parte la patronal al salir de la Junta de Conciliación y Arbitraje.
Queda claro que para un mexicano perder no es opción y mucho menos cuando se tiene el tiempo y los recursos para poder manejar la justicia a discreción, esta declaratoria no es mía, basta revisar los cientos de entrevistas que se hacen cada día a los personajes más poderosos de este país para darse cuenta que su visión es una impartición de justicia desde su beneficio y cuando este no se da queda el ya clásico dicho muerto el perro se acabo la rabia.
El asesinato de Lourdes destacó entre otras razones por haberse presentado en la mañanera a denunciar el hostigamiento y la presión a la que había visto sometida por el pleito legal que mantenía con el exgobernador Jaime Bonilla, el pleito derivaba de incumplimientos en la relación contractual entre la empresa Primer Sistema de Noticias propiedad del político y la periodista. Clásico en este país también que se trabaje por un después ahí vemos y a riesgo de exponerme a ser demandado por quienes conozco ejercen estas prácticas me limitaré a decir que desde la academia se empieza con esta mala praxis.
Cuatro días antes de su asesinato la periodista había ganado en contra de Bonilla, la respuesta poco comparable con un cachetadón afuera de algún Juzgado, fue el presunto asesinato de hoy occisa. Y es que estas cosas no se pueden confirmar, decir “fue Bonilla” es arriesgarse a recibir una demanda por cualquier cosa que no le guste al acusado o peor exponerse a lo mismo. En ambos niveles no se trata más que de un mensaje, una firma que nos dice, ganaron esta pero nosotros seguimos teniendo tiempo y recursos y a ti se te acabó el tiempo aunque hayas ganado nuestros recursos.
Y a todo esto qué dijo el exgober, pues nada, como siempre en estos casos cual Judas, se limitó a declarar ante diversos medios que es la Fiscalía quien debe concluir sobre el caso, por supuesto refiriendo siempre al caso donde él había perdido, porque por supuesto en ningún momento aceptó la determinación de pago hacia la periodista.
El medio sigue funcionando, ahora embargado a favor de una difunta, por lo que mientras no exista continuidad los bienes serán devueltos al político. La perra será enterrada y la rabia periodística será apaciguada a través de esa sensación de saber dónde terminará un oficio.
La impunidad y la corrupción siguen siendo el lastre de un país en transformación.