Hablar de política es hablar de transformación, no solo que sea la bandera que ha tomado el Gobierno en turno, también porque estamos viviendo tiempos de cambios en donde todo se transforma.
En el discurso de un proyecto que se planteó en contra de una modelo conocido popularmente como neoliberal hablar de transformación implica hablar desde una perspectiva primero que nada histórica. Históricamente las transformaciones implican por lo tanto un cambio radical en el modelo de gobierno para el desarrollo del País.
Ahora bien, para lograr este cambio de fondo es necesario hacer mucho más que ajustes a un plan sexenal y en este momento dicho cambio se planteó en lo que en su momento se llamó Proyecto Alternativo de Nación, proyecto que una parte de la población compró en el discurso y en el hartazgo de las condiciones en que los gobiernos previos fueron dejando al País en su conjunto comenzando con su territorio impactando en sus recursos naturales y en su sociedad creando un modelo dónde unos pocos se benefician mientras una mayoría simplemente no tiene oportunidad de desarrollo o movilidad social.
Sin embargo, durante mucho tiempo no se explicó la parte complicada para que la implementación de un proyecto de nación diferente y contrario al neoliberal sea posible.
En el imaginario colectivo basta con cambiar a los representantes populares para tener resultados diferentes en una administración pública o aparato de gobierno, esta visión simplista, fomentada por la creencia de que la política es un asunto de políticos y no de la ciudadanía, también omite la participación de otros actores, que si bien forman parte de la misma ciudadanía, obedecen a intereses diferentes a los de otros participantes del juego social.
Para formar parte de este juego es necesario considerar los elementos que lo componen, tenemos por supuesto un espacio delimitado que bien puede ser el territorio, también contamos con reglas que aceptamos para ser participes de la actividad social, y por supuesto las diferentes fuerzas, porque a diferencia del ajedrez el actual juego social y político no tiene solo dos bandos.
Pero partamos de los elementos básicos jugadores y reglas, en un funcionamiento ideal del modelo estas reglas se establecerían por consenso a través del aparato legislativo obedeciendo el interés de la ciudadanía, en la prácticas estas reglas además de verse influidas por un proyecto de nación, tienen una gran influencia de intereses que obedecen más a una generación de riqueza sectorial que social.
De modo que cambiar las reglas que impiden que un proyecto alterno al que se encuentre en turno sea posible desde términos legales, en la implementación de un proyecto de nación este debe ser el primer objetivo, durante esta cuarta transformación lo fue y el primer objetivo del Movimiento de Regeneración Nacional fue el Congreso de la Unión.
Una vez que las reglas de participación se encuentran observadas y en disposición de ajuste es posible romper los cercos legales que impedían la participación de otros actores políticos y sociales, el respaldo al proyecto debe ser tal que logre anotarse una conquista en el siguiente objetivo que es el Ejecutivo, es decir, la capacidad de implementar el proyecto de nación, por supuesto que una vez que este proyecto es avalado por quienes garantizan que todo se lleve a cabo conforme a las reglas del juego en curso, es necesario hacer el cambio de aquellas reglas que dan origen al distanciamiento entre proyectos, es esta la verdadera fractura y división y no ese espejismo que algunos venden en el nivel social.
Por último, el poder judicial es aquel que vigilará y corregirá aquello que sea contrario y atente contra el Estado, pero sobre todo se encargará de proteger en el mediano plazo a quienes pudieran verse afectados por la implementación de nuevas reglas en caso de que el juego cambie de dirección.
Todo parece indicar que nos encontramos en este punto de la transformación, dicho el mismo Andrés Manuel a lo largo de 18 años de insistencia y de sumar fuerzas, este Gobierno es una transición hacia lo que será la consolidación de la transformación de un juego con reglas de acuerdo al proyecto de nación planteado, aquello que llama Andrés, el sueño.
Evidente es que no consolidar la transformación implica un riesgo para los jugadores que osaron tomar el control, el resto solo seremos sacudidos para volver a tomar partido por algún bando y sumarnos a esa fuerza.
Esta necesidad de renovación de Poderes es un modelo que he planteado por la lógica que mantienen los tiempos de renovación de poderes, Legislativo, Ejecutivo y Judicial, de modo que se logren establecer reglas de juego acordes a un proyecto, seguido de una conducción administrativa que concluye con la renovación de quienes se encargan de vigilar y hacer cumplir las reglas en pro de un proyecto y los intereses que a este convengan.
Esta necesidad de renovación no se termina de entender, pero tampoco de explicar, generando una sensación de divisionismo que el discurso aterriza en la división de la capa social cuando la división se encuentra en la capa ideológica, sí, aquella que nos plantea, en este caso, cuál es la función del Estado y del Gobierno y en beneficio de quienes mayoritariamente, para a partir de esto desarrollar un modelo de País.