1. Manuel Velasco Coello – El Verde que nunca madura

Del PRI al PVEM, de gobernador a eterno prospecto presidencial, Velasco es como ese plátano que lleva meses en el frutero y sigue sin ponerse ni verde ni amarillo. Se vende como joven promesa, pero ya tiene historial de dinosaurio: opaco, clientelar y con la gracia de un spot de shampoo.
Su mayor talento ha sido el de posar con sonrisas presidenciales en cada sexenio sin importar quién esté en el poder, y en esta 4T no fue la excepción. De “corcholata” a corchopaja, su alianza con Claudia es tan útil como innecesaria. Pero ahí está, cobrando por estar.
2. Gerardo Fernández Noroña – El revolucionario de cantina
El eterno luchador social que nunca ha ganado una elección en solitario, Noroña vive para gritarle al sistema… excepto cuando el sistema le da una silla. Su outfit de comunista de 1985, con retórica de WhatsApp y misoginia vintage, lo hace perfecto para gritar “¡traidores!” mientras cena con ellos.
Claudia lo adoptó como el tío incómodo de la campaña: nadie lo invitó, pero ahí está. Dice que no necesita cargos, pero exige respeto presidencial. Una contradicción con piernas que huele a sudor ideológico y tinta deslavada del marxismo que no leyó.
3. Arturo Zaldívar – El exministro con espíritu influencer

Renunció a la Suprema Corte con más drama que final de temporada de La Casa de los Famosos, y fue directo a la campaña de Sheinbaum a buscar pantalla, justicia social… y tal vez un buen aro de luz. Dice que no milita en ningún partido, pero se le olvidó quitarse la camiseta guinda antes de tuitear.
Zaldívar cambió el mazo judicial por el micro de TikTok y la asesoría jurídica por la asesoría de imagen. Su especialidad: hablar de derechos mientras da likes a impresentables. Un garantista a tiempo parcial, pero leal a tiempo completo (si hay reflectores).
4. Ricardo León Caraveo – El Magistrado del autoengaño

Autor del capitulo imaginario “Engañando a Claudia”, que no se sabe si es una denuncia o un spoiler de sus propias relaciones. Dice que combate la simulación en la justicia, pero posa junto a un diputado acusado de abuso sexual como quien saluda a su compadre en la boda, invitado por una Presidenta Municipal que usa a la policía para golpear a su compañera de partido.
Caraveo se presenta como el tecnócrata serio de la transformación, pero actúa como el cuate que se te cuela en la foto oficial y luego jura que fue asesor del evento. No engaña a Claudia. No engaña al sistema. Apenas si se engaña a sí mismo.
5. Alberto Anaya – El PT sin revoluciones
Fundador vitalicio del Partido del Trabajo, Anaya ha sobrevivido a más sexenios que la CFE y el pan de caja. Sus banderas de izquierda ondean desde 1990, pero hace años que no se sacuden: el PT es hoy una franquicia útil para sumar votos y no hacer ruido.
Su aportación a la alianza es más electoral que ideológica. En realidad, Anaya es como ese tío que se quedó en la casa porque nadie se atrevió a echarlo. Le sirve a todos… mientras no moleste. Y él, muy obediente, ni molesta ni propone.