¿Cómo podemos confiar en un Presidente que ataca a un periodista? ¿Cómo podemos confiar en un periodista que debería investigar la verdad pero esa verdad tiene el interés de una editorial? Son las preguntas que emergen en la mente de la ciudadanía y que son reforzadas por la lluvia de contenido mediático al que estamos sometidos, y en la mayoría de los casos expuestos, a merced de que algún razonamiento perdido expuesto por una amistad nos roce causando ese divisionismo que tan de moda pusieron los que intentan apropiarse de las palabras para su causa propia.
La burra no era arisca, la hicieron. Por supuesto que muchos recordamos a Loret, la joven promesa del periodismo mexicano, heredo de abolengo y de oficio, su padre Rafael fue crítico a los gobiernos en turno, razón por la cual se esperaba de Loret un aliado en las filas contra los neoliberales, y así pareció, todos lo vimos en televisión nacional como reportero de campo y de guerra, su exposición y valentía le dieron el pase a la titularidad en la barra estelar de noticias dónde de vez en cuando abandonaba la comodidad y seguridad del estudio por ejercer el noble oficio del reportero, espejémonos en su humildad y olvidemos el pasado político de su familia en Yucatán el cual, según dicen en los pasillos del Proyecto Migala, no es de muy buen ver por allá. Como tardamos tanto en ver ese discurso embellecedor que tiene la romantización de la rebeldía adolescente.
No debió extrañarnos tanta apertura por parte de la principal televisora del país, No debió extrañarnos que de pronto se abrían espacios de crítica que nunca ocupaban quienes hicieron de esa crítica su causa. Todos fuimos parte de esa simulación, en algún momento de nuestra vida pensamos que era la ruta correcta hasta que nos dimos cuenta que por más que corramos no alcanzaremos jamás el siguiente nivel, no debió extrañarnos que de pronto nos recomendarán caminar antes de correr, no debió extrañarnos que nos dijeran que no basta con hacer sino que es necesario saber bajo ciertos términos y condiciones.
Así como todos recordamos a Loret en medio de la guerra con un tanque al fondo, pocos recordamos a Loret participando en una burla y dura crítica a la censura ejercida desde la Presidencia de la República en ese momento bajo el mando de Vicente Fox y Martha Sahagún, este scketch, porque sino si es ataque nos metemos en un problema, quedó registrado en una grabación de El Palomazo Informativo en dónde participó Fernando Rivera Calderón, quién hoy José Luis Guzmán Miyagui llama el paladín de la 4T y que algún tiempo fueron amigos y colaboradores. Ya ven lo que provocan nada más andan rompiendo amistades como rompen al país, van a decir.
Loret se volvió crítico de Televisa y hasta se retiró de la misma, ya héroe de las comunicaciones desarrolló su marca, su estilo y al parecer sus montajes, tras los cuales fue criticado y puesto a disposición por un momento hasta que esa imagen de adolescente rebelde vuelva a ser útil, porque nos han enseñado también que la rebeldía es la que nos da madurez y por lo tanto quién antes fue un rebelde reportero de guerra crítico del sistema hoy es un comunicador maduro gracias a esa experiencia, así funcionan todas las escuelas ideológicas y de coaching.
Tal vez la inmadurez de la edad o la inmadurez política fue la que nos mantuvo embelesados con figuras mediáticas que convertimos en símbolos y como tales en ídolos respecto a aquello que se le quiera colgar: valentía, honestidad, neutralidad, mercenario, violentador, currupto, mártir. Es el precio que debemos de pagar quienes nos entregamos a la comodidad de que nos den la información procesada y lista para usar, esto aplica para todo en la vida solo sustituya la información por cualquier otro input.
Para dónde nos movamos vamos a ser señalados por lo que hicimos y por lo que hacemos, mantenerse neutral es una tarea difícil y que solo puede permitirse quién está dispuesto a exponerse al hambre y la miseria o que ha sido privilegiado con recursos para ejercer su lucha sin preocuparse por cómo va conseguir el sustento, una revolución no se pude hacer con el estómago vacío. Por donde nos movamos vamos a incomodar por nuestra manera de pensar, por eso nos agrupamos y creamos nichos y comunidades, el divisionismo no es nuevo y ha estado presente desde que reconocemos que algo nos gusta o no nos gusta.
Nuestra cultura nos hace responder fácilmente a la provocación, la inmediatez de las comunicaciones nos hace querer tener respuestas cada vez más rápidas. Las múltiples escuelas de liderazgo que se han impulsado nos dicen que un líder, y más un líder de un país, debe tener respuestas inmediatas ante cualquier cuestionamiento, si no las tiene simplemente será señalado de ignorante e incompetente, pero si en algún momento llega a dar una respuesta está será criticada y juzgada como una respuesta a modo y preparada, ya en el caso más extremo evadir una pregunta o no dar respuesta no es más que el inicio, para muchos que creen en ello, el inicio del autoritarismo. Solo el hecho de dar respuesta genera una cadena de reacciones que en campo de la comunicación profesional ya están consideradas de antemano en la generación del cuestionamiento o del discurso.
Por donde le muevas serás juzgado, por donde le muevas te tengo preparada tu respuesta, por dónde le muevas no pasar y como aquí te vas a quedar los que vienen detrás se detendrán y en ese momento en que la definición es seguir o retirarse no hay bandera más fuerte que un mártir. Por donde le muevas se está creando un mártir para dignificar un oficio, por un lado el oficio de gobernar y por el otro el oficio del reportero, aunque muchos dudan de que el prócer que han elegido sea un verdadero representante del nombre oficio de investigar los hechos, las causas y sus motivos.
Como sea tenemos un Presidente martirizado por la presión mediática de la que dispone el mártir de la libertad de expresión y tenemos a un Presentador martirizado por la presión social que el mártir que está creando convoca para erigirse como prócer de la democracia favor del pueblo.