Sin duda los recientes hechos ocurridos en Monterrey, en Nuevo León y en general en todo el país inspirarán mucho más que esta simple columna.

Lo que les vengo a contar no es del todo grato pero son sin duda muestras de que vivimos en un sistema corrompido por la ambición y los intereses particulares sobre la construcción de una mejor sociedad, ya no solo local sino global que implica por supuesto una relación con ambiente en su conjunto, entendamos primero que nada en este sentido al ambiente no solo como aquello que es natural sino a toda condición creada por la actividad humana que, casi siempre, termina reflejándose en indicadores de percepción.

Los siguientes hechos ocurrieron curiosamente en periodos durante los que transitaba socialmente, es decir, la vida me brindó condiciones para poder ejercer una movilidad social, lo cual no significa que el mundo conspire para caer en la trampa del sistema, simplemente brincamos más atención a aquello que es nuevo y en términos filosóficos a veces nos deslumbra después de pasar tanto tiempo en una cueva.

Hace años ya mientras me encontraba caminando de la oficina a la central de camiones de Toluca, para quién conozca la zona en el cuadrante se ubican una clínica del IMSS y un Walmart, echen a andar su cabecita. Mientras avanzaba cruzando por el estacionamiento del centro comercial de reojo, es decir, no pasó frente a mi sino en un costado casi atrás, se escucho un “no quiere que le deje la cobijita”, volteé por instinto y observe una escena en la que una señora entregaba un bebe de escasos meses a una pareja que rápidamente se alejó en sentido contrario sin mediar palabra, ni siquiera ante la pregunta de la cobija, sin prestar mayor importancia culpa de mi inexperiencia adolescente seguí. Ya rumbo a la Ciudad de México en el autobús, al no poderme sacar de la cabeza aquella escena que me acompaña hasta el día de hoy como eterna culpa por no haber intervenido, reflexioné sobre lo que escuche y lo que vi y sin duda alguna se trató de la entrega de un bebé recién raptado, un paso de tantos que se dan en la mafia que lucra con la vida humana.

Años más tarde, conduciendo un auto utilitario del gobierno estatal, en un alto sobre la carretera Texcoco – Los Reyes, se me acercó un automóvil y sin el mayor grado de cinismo, vergüenza o pena me grito de ventana a ventana “te lo compro”, en modo de broma y para no darle más juego a quienes posiblemente viajan armados solo respondí con un “no le ves los logos carnal”, y nuevamente sin mayor desfachates obtuve una respuesta “eso no importa, pero bueno” y se marchó. Declarar que te roban un auto de gobierno no tiene mayor complicación, vas levantas un acta, la Contraloría correspondiente iniciará un proceso administrativo y si todo sale bien el siguiente ejercicio reponen el bien o el seguro lo hace, lo cual me llevó tras escuchar varias historias de vehículos robados en condiciones sospechosas a pensar que muchos de esos autos que circulan con logos nuevos o antiguos en realidad podrían no estar empadronados con el riesgo social que eso conlleva, desde que sea usado por tu dealer de confianza para sus entregas hasta, sabiendo que no serán detenidos, el secuestro o trasiego de personas.

Dentro del mundo digital, me parece, es más fácil normalizar las conductas porque existe una mayor libertad que en el mundo real limitado por muchas leyes, normas y reglamentos que solemos desconocer por lo que solemos tener el error de ceder nuestra confianza en la interpretación de las mismas a un grupo de individuos doctos en el tema.

Haciendo el clásico scroll ocioso en Twitter leí una publicación donde una usuaria agradecía a otra el haberla conducido por al camino de la liberación, la independencia y el empoderamiento al enseñarle como triunfar en OnlyFans, me dio curiosidad semejante declaración y decidí echar un ojo a los perfiles, en ellos efectivamente de promovía contenido disponible en dicha plataforma pero de una forma un tanto extraña mas no particular, usted podría de hecho entrar a si cuenta de Twitter y verificarlo. Desde entonces ha sido cada vez más frecuente escuchar historias de mujeres, hombres y personas sin género que deciden ingresar al negocio del comercio sexual digital, en parte seducidas por el monto de los ingresos que se llegan a compartir en los perfiles que invitan a ser parte del negocio promoviendo servicios de: escuelas de modelaje, lencería, estudios fotográficos y más.
Se trata de perfiles de reciente creación, uno o dos años como máximo, todas mantienen el mismo discurso de estar llegando al negocio, son pocos los tuits de actividad propia, sin embargo, el número de tweets no corresponde porque en realidad de trata de ReTuits de otras cuentas, aquí empiezan a conectarse los hilos, ya que estas cuentas que se comparten se reduce a un menor número considerablemente.

Al observar este comportamiento sistemático, no cabe duda, de que se trata de una red perfectamente organizada y que derivado del tiempo el modelo de operación y negocio se ha expandido a pequeños grupos que operan de manera similar, esta red trata con las personas de manera digital o física.

Lo cual me lleva a los recientes hechos y a recordar aquello que me dijo un empleado de un hotel mientras me registraba para pasar la noche: ¿va a querer servicio de compañía? Respondí que no y seguí hacia mi habitación, semanas más tarde recordé el hecho y me adentré a los grupos de hoteles y moteles que hay en Facebook sin mayor resultado que uno u otro perdido que recomendaba marcar a recepción para solicitar el servicio. La sorpresa la dio nuevamente Twitter, aunque ya he encontrado la forma de llegar a los sutiles y no tan sutiles perfiles en Facebook, en dónde usuarios recomendaba, hoteles, moteles, giras y hasta horarios, ahí si, se hace mención explícita de cómo y a quién solicitar el servicio, hasta quejas hay porque no les llega lo que pidieron. Sin duda, redes de trata operan en hoteles y moteles además de dejar ver que existen cada vez más condiciones para que se dé un negocio ilegal dentro de un negocio legal.

Lo que ocurrió en Monterrey y ocurre cada día y que percibimos con más frecuencia no es más que el resultado de la normalización de un sistema corrupto, en donde el interés particular mayormente económico de unos cuantos va generando las condiciones y la escuela de pensamiento para ver, pero no observar, esos pequeños detalles que la vida nos presenta. Si bien uno no va a andar por la vida sospechando de todo la experiencia debe hacernos reaccionar antes esas señales de alarma, somos una especie condenada  a la extinción porque hemos reducido cada vez más nuestra adquisición de experiencia a aquello que recibimos a través de una pantalla en los pequeños momentos que la generación económica nos deja disponibles.
Hoy nos dicen que fue el taxista y nuestra experiencia les puede dar o no la razón, en mi experiencia esto no termina aquí y debemos voltear a ver porqué el hotel tuvo tanto tiempo para reaccionar.

Somos producto de un sistema corrupto porque es cómodo y porque no implica pensar más, porque entonces comenzaríamos a preguntarnos los fondos y dejaríamos de distraernos en las formas.

Comenzaríamos a preguntarnos cuáles son las condiciones que permiten que un bebé sea intercambiado por una red de traficantes a plena luz del día en un estacionamiento de un Wal-Mart, para que una red de estafadores opere impunemente en las principales vialidades de las ciudades, para que el comercio sexual que se da de manera coercitiva y forzada se normalice como una actividad de empoderamiento femenino o para permitir que redes de trata de personas operen en moteles y hoteles de paso.

Son las mismas condiciones que provocan que una mujer que camina sola, es más hasta qué se encuentre ejerciendo la prostitución de manera libre y decidida, no  se sientan seguras ni siquiera de pedir auxilio en caso de emergencia en un lugar que lo primero que debería ofrecer es hospitalidad, seguridad y no compañía.

Vivimos en un sistema corrupto no vamos a salir de ese círculo viciado mientras no dejemos de consumir pensamiento crítico y pasemos a generarlo por cuenta propia. Cambiemos la pregunta ¿por qué pasó esto? a ¿por qué pasa esto?

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